Ray Arriaga
En nuestro caminar por la vida muchas veces tenemos en mente a donde queremos llegar, hay alternativas y paisajes variados. ¡Perfecto! Ya mero voy a llegar, ¿o no? ¿Quién pondría estas piedras en mi camino? ¿Quién borraría el sendero que me conducía a mi crecimiento personal? ¿Quién esta pisoteando mis ideales? ¿Por qué no logro llegar?
Vivimos en tiempos en los que todo ataque a la inteligencia parece estar tomando fuerza y en el que los ejércitos de la ignorancia toman cada vez más terreno. La moda y el ‘buen ver’ social son cada vez más imprescindibles en una sociedad en la que aparentemente no hay bases y el crecimiento no tiene forma. En otras palabras nos estamos muriendo como ignorantes y estamos dejando todo en manos de la conformidad. ¿Dónde demonios quedó el mexicano guerrero, huesudo y cabrón? ¡Ese mexicano al que nadie puede tocar porque rompe madres y que se puede ir a echar sus dos que tres cheves y no hay pedo! ¡Carajo!... ¿Dónde dejamos nosotros, mexicanos, a los demás mexicanos?
Y es que en México hay muchos Méxicos, pero, ¿serán todos auténticos?. Supuestamente somos nación porque hay un sentimiento de unidad, tenemos instituciones políticas y sociales que están para lo que lleguemos a necesitar como mexicanos, y sin embargo vemos represión, violencia, marginación, pobreza, hambre, injusticia, intolerancia, discriminación, y muchos más males, y no hacemos nada. Mucha unidad, como no.
¿Contra quién luchar? ¿Contra quién unir fuerzas si es que se puede lograr alguna cohesión de ideas y esfuerzos? ¿Quién es el enemigo? Si nos enfocáramos en el México pobre, podríamos decir que la diferencia social y el rezago al que se ven expuestos nuestros hermanos mexicanos, y muchos problemas más, pero solo nombro algunos. Si nos viéramos envueltos al México de la clase media, podríamos hablar de una lucha por más igualdad, seguridad, legitimidad y oportunidad. Y por otro lado, si estuviéramos en el México rico y poderoso, la lucha va contra todo aquello que quisiera quitarnos posición y los privilegios por los que “arduamente” se ha trabajado. Entonces queda claro que no todos pensamos igual, no todos vemos el mismo “bien común”, no todos somos parte de una misma sociedad.
Afortunadamente no me considero parte de esos círculos sociales o élites, yo no soy sociedad con los que no se consideran parte de una unidad verdadera. Es de ahí que aparecen movimientos subversivos, contracultura que lucha en contra de las mentiras e hipocresías sociales. Llámense de muchas formas y que salen a la luz del día a tratar de proponer un cambio, muchas veces de forma radical y en otras ocasiones con muestras de que ‘si se puede’.
Hay ejemplos innumerables de defectos humanos a lo largo de la historia y que hemos conllevado hasta nuestros días, errores como lo han sido muchas veces las creencias éticas, sociales, religiosas, políticas y de todo tipo. Lo grave en estos errores, es cuando se tornan una meta para un individuo o grupo de personas, y que enfocan todos sus recursos para sacar el mayor provecho de él, sin importar cuanto o a cuantos se afecte en dicho proceso. Nuevamente hacemos lucir la independencia social, y que se convierte en sinónimo de egoísmo y abuso. ¿No éramos un país libre? ¿No somos acaso todos libres en este planeta? ¿Por qué mi libertad tiene que terminar para enriquecer la libertad de otros? Me gustaría poder responderme a mí mismo.
Lamentablemente, hoy en día vemos esta “libertad impuesta” como cliente del sistema político, que desafortunadamente muchas veces cegado por la avaricia de quienes son los conductores del motor, cede ante intereses que llegan a dañar a individuos, libertades, caminos y la armonía en todos los aspectos que pudieran existir. ¿La libertad comprada? ¿Leyes compradas? Esto me da más motivos para tener fe y esperanza en la democracia y sistema jurídico que nos rigen, se ve que vamos como nación por muy buen camino, es tan sencillo como que si nuestra misma legalidad prohíbe algo, se estira un poquito de modo que quepa todo lo que queramos, total, querer es poder... y el poder se compra.
Y es en este mismo punto donde entra otro factor muy importante y hasta cierto punto necesario: La oposición. El defender en lo que uno cree, por lo que uno vive. No una oposición necia, sino con razón y orden. La cual debe ser manejada luchando por una libertad que no se compra ni se impone, sino con la cual todo individuo nace y tiene derecho a ella. La contracultura en su estado más natural luchando contra una cultura depravada y manipulada por quienes pueden, y por quienes abusan de ella. Al hablar de contracultura no quiero hacer mención de que se está en contra de todo aquello llamado cultura, la cultura es el conocimiento que ha logrado el avance de la humanidad y es la herramienta que nos permite ser seres pensantes.
Cómo parte de esta contracultura somos factor de cambio, pero ¿qué es lo que queremos cambiar? ¿Acaso lo sabemos? ¿Tenemos esa cultura por la cual somos contra ella misma? ¿No suena contradictorio? ¿O simplemente estamos ahí para gritar en contra de un sistema que no nos comprende como individuos? Como si fuéramos un hijo reclamándole al padre el que no nos haya permitido hacer esto o aquello. Muchas veces puede que ese resentimiento social nos lleve a cometer actos de reclamo contra quien nos impone ese sentir, quien nos lo provoca. Pero de igual modo, al ser partícipes en este circulo vicioso, somos tan culpables como nuestro antagonista por no representarnos a nosotros mismos como un ejemplo y caer en provocaciones viles que solo corrompen nuestros ideales. Es cierto que somos humanos y tenemos debilidades, pero también es cierto, y mucho más valido, que vale la pena muchas veces resistir para poder seguir actuando. Prepararnos para saber como evitar la caída. Ser cultura para poder ser contracultura de la pseudos-cultura humana.
Antes de poder anunciarnos como un movimiento de cambio, debemos buscar un cambio en nosotros mismos, buscar una congruencia que vaya mucho más allá de nuestro aspecto físico y actividades cotidianas. Un cambio que vaya desde nuestro ser, nuestro pensar y actuar, nuestro sentir. Esa congruencia debe ser un peso que represente todo lo que anunciamos y pedimos. El éxito en todo movimiento promovido o idea predicada, depende directamente de la congruencia de quien lo anuncia.
Yo busco mi congruencia, yo busco mi espacio, yo busco mi libertad, y hablo de “yo” no por egoísmo, porque de ahí empieza real y verdaderamente el cambio. No soy un objeto a la venta, tengo un camino que recorrer y en el cual respetar el camino de los demás. La unidad es conmigo mismo y para quien crea en si mismo, quien lucha por si mismo. “Todos piensan en cambiar al mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo” (Leon Tolstoi).
Thursday, July 10, 2008
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1 comment:
saludos compadres no sabiamos donde escribirles asi ke lo ponemos aki va un saludo y cheken el nuetro vvaaaaaaaaa
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